miércoles, 2 de julio de 2008

Time alter time


Autora Texto: MªÁngeles Cantalapiedra


La primera vez que hablé contigo me dijiste que colgara en la ventana estrellas y soles dibujados en papel, atraerían la buena suerte. Sabes que no creo en esas cosas y, sin embargo, lo hice. Como una niña pasé una noche entera mirando al cielo tratando de hacer una replica de aquel techo que veía. Amaneció y pinté soles desde el brote hasta el crepúsculo.…

Si tuviera que elegir una imagen de aquel tiempo, no dudaría en retratar la ingenuidad de mis ojos mirándote con devoción y los tuyos como viejos maestros que muestran las luces y sombras de mi devenir.

Eras… La melancolía de tu andar flemático sin esperar sorpresa alguna, sólo acompasado por tu pasión a la música excelsa, al movimiento de la reina con un jaque mate premeditado.Lo tuyo era el silenció tranquilo, la escucha activa. Tu mentón apoyado en los nudillos de la mano y el arqueo de las cejas expresando lo insólito de las palabras que llegaban a tus oídos.

En ti no había años y sí todas las horas que alguien puede cargar a sus espaldas.… Aquellos paseos que me regalabas sobre asfalto saturado de grados y amainado por el riego nocturno donde tú callabas y yo reía poseída por la dicha de la amistad, por el mero hecho de estar donde estaba: un Madrid abandonado por los calores sintiéndonos los únicos habitantes.

Abanderado de soledades, me descubriste diminutos placeres tan simples que rallaban lo más candoroso de cualquier experiencia...

El eco de aquel entonces, cuando la vida parecía no tener límite, da a mi corazón un mordisco que me estremece. Recuerdo que dentro de aquella felicidad algo me decía que como todo en esta vida algún día desaparecería y, entonces, ¿qué haría sin mi lazarillo? No hay sustitutos que ocupen el lugar que otros dejaron, si eso hiciera sería infidelidad a una parte de mi misma.

… Y el tiempo pasó, cerré la página de nuestro trayecto juntos, y en esos día grises donde la melancolía me baña, abro el libro en la hoja donde, en una hora que no la marca el tiempo, tú apareciste para iluminar un trocito de mi vida.…

-"¡Hey! Vamos a mirar las estrellas por última vez y dime en cuál estarás tú. Así, cuando observe el tapiz celeste, aquella que me guiñe el ojo, sabré que eres tú…"

No tenías miedo a ese futuro que se presentaba negro como la boca del lobo más atroz. Yo me encogía y esperaba con anhelo que me tendieras la mano para acompañarte en tu recta final… Y lo conseguimos. Encaramos la muerte con la dignidad que siempre te caracterizó.

…La nostalgia de aquello me envuelve, pero me enseñaste que lo inevitable no se debe evitar porque te buscará hasta encontrarte. Time alter time…, fue nuestra canción.

martes, 1 de julio de 2008

Mamá lloraba ...


dibujo: www.flickr.com


Autor texto: Luís A. Alcocer


El niño trató de apoyar su cuerpecito débil en la almohada. Sus ojos, grandes e inocentes, se apagaban...

-Cuéntame algo, Mami.

-No sé..., ¿qué quieres?

Mamá, sólo por dentro, lloraba.

-El cuento de las despedidas, ¿puedes?

Mamá lloraba:

-Se fue a dormir el sol y dijo "Muy buenas noches, Luna"... "Muy buenas noches, Sol", le contestó la luna. Después, el gorrión se fue a dormir, "Adiós, hasta mañana Hermano Búho"... "Hasta mañana, Gorrión Hermano".

Abrió el niño los ojos:

-Hasta mañana, Noche.

-Hasta mañana, amigo niño -le contestó la noche. El niño sonrió.

Mamá lloraba.

El niño la abrazó, su voz no era ni un hilo.

-El cuento es muy bonito, Mami...: "Muy buenas noches Sol, muy buenas noches Luna..., adiós, hasta mañana Hermano Búho..., hasta mañana, Gorrión..., hasta mañana Noche".

-Hasta mañana, niño amigo -le contestaron todos.

Su voz se fue apagando, era casi inaudible:

-Adiós Mamá, hasta mañana.

Se cerraron sus ojos, suave y dulcemente.

Mamá lloraba.

La espera

Pintura: Museo nacional de Arte, México.


Autora texto: Pilar Moreno Wallace

Inés, ¿dónde te metes ?… Esta hija mía siempre anda retrasada; aún no ha venido a abrir las cortinas de la ventana. ¿Piensa que voy a seguir aquí tendida todo el día, esperándola? ¡Con lo que odio llegar tarde…! Hace tiempo que la voy notando preocupada y ¡siempre está encima de mí, como si supiera que no iba a poder valerme por mí misma! Ella es la que debería cuidarse más, tambien se le van notando los años. ¿Cuántos tiene ahora?…. casi no lo recuerdo….. ¿cincuenta? ... más bien casi sesenta. Fué, es, mi primogénita. Tantas esperanzas que teníamos Juan y yo en ella puestas y, ya ves, ahora dejada por el golfo del marido y con un hijo casi perdido. ¡Buena carrera lleva ese! …..igualito que los hijos de mi Pedro… ¡esos consiguen todo lo que quieren! Estoy segura que estarán al caer…. ¡y yo sin vestirme! ¿Qué estará haciendo Inés, que no viene? Pensará que tenemos todo el tiempo por delante: el tiempo, ese está sólo seguro para ella. ¡Y la habitación tan oscura!…sabe bien que no me gustan los sitios en tinieblas. Estoy tentada de levantarme y correr las cortinas, si no fuera por estas piernas que ya no quieren llevarme a ningún sitio ... ¡Qué silencio se siente en la casa! … y pensar que después estará al completo... hasta los que no venían por aquí ... sí, unos vendrán ahora traídos por la curiosidad, otros aprovecharán el momento para ver al resto de la familia y cotillear… ¡Ya los conozco!.. Sé de qué pie cojean … Durante mucho tiempo no se preocuparon de preguntar por mí y me tenía que contentar con una tarjeta por Navidad o por mi cumpleaños. No deban señales de vida el resto del año Y ahora ¿a qué vienen? ... ¿por sentimiento?… No lo creo… más bién ... no sé por qué será ... para luego poder criticar a diestro y siniestro… ¡Pues les voy a dar que hablar! ... Ya le dije a Inés que quería para ésta ocasión la mantilla de encaje negro y mis perlas … ¿Qué hora será? ¡Es que no siento pasar el tiempo!…. y aún Inés sin subir a ayudarme a vestir….. Con tal que no se haya quedado dormida…. Es que han sido unos días de mucho trajín,… tantas idas y venidas del hospital,… tantas visitas del médico… y ¿todo para qué?… siempre llega lo que tiene que llegar…. ¡A ver !… me ha parecido oir llamar ... sí, parece que el momento se acerca y como ya me temía, aún no estoy preparada ...


Abajo, Inés abre la puerta. En la calle espera un coche negro, mientras, los familiares van llegando ...

Superman



Autor del texto: Luís A. Alcocer


"¿Y yo podría volar como Superman?"

"No, hijo... eso solo sucede en los tebeos y en el cine. Los niños no pueden volar".

"¿Y cuando sea mayor?"

"Tampoco. Nadie puede volar, ni los niños, ni los mayores".

Acariciaba, con su mano, la carita pálida, los rizos morenos que destacaban sobre la almohada.

"Te equivocas, Mami, yo creo que sí se puede volar... Superman lo hace".

Procuraba que él no le notara los ojos humedecidos por el dolor. No hacía dos horas que el médico le había quitado sus últimas esperanzas: "Lo siento, señora, la leucemia está muy avanzada. Es cuestión de días".

"De verdad, mamá, seguro que puedo. Tu siempre has dicho que, para conseguir algo, solo hay que proponérselo firmemente".

Ella siguió deslizando amorosamente sus dedos por la pequeña frente.

.... ... ...

Conocí a Marta una mañana, la primavera se hacía notar en la Casa de Campo, estaba de pie, en un claro, mirando al cielo.

Me acerqué; una sonrisa iluminaba su cara al tiempo que una lágrima rompía en su mejilla. Me señaló unas nubes blancas y, volando entre ellas, arriba, muy arriba, a una pequeña figura, un niño, quesaludaba con la mano... con un traje azul y una diminuta capa roja al viento.

Tengo miedo a morir


Autora texto: Luci Garcés


Recuerdo que me empezaste a llamar a horas intempestivas, aunque para mí normales con mis extraños horarios. “Tengo miedo a morir” me decías, y yo me despertaba de golpe y te animaba. “No estas enferma, eres una abuela de 84 años, con una salud de hierro. Cocinas, paseas. vas a la iglesia, nos escribes, ahora poco, porque usas el teléfono”. Te reías y replicabas que la vejez te permitía utilizar y abusar del teléfono, que para ti era más barato que comprar sellos.

Hablabas de los hijos, de los nietos, me preguntabas si me había casado, “qué se que no me lo dirás hasta que no me presentes a tu marido...”, y finalmente volvías inexorablemente al “¿Sabes?, tengo miedo a morir”.

En poco más de un año te perdí sin poder evitarlo. Primero eran los taxistas que te llevaban a casa de alguno de tus hijos, en camisón y bata, pero con tu agenda en la mano. Te habían encontrado deambulando por calles que tenían historia para ti. El taller fotográfico donde conociste a papá. La casa aquella en Príncipe que dejasteis porque era muy grande. Retrocedías en el tiempo y te desprendías de nosotros poco a poco...

Después fueron las peleas con tus nietos más pequeños, que te miraban sorprendidos, porque les quitabas los cromos, los juguetes, cosas que te llamaban la atención. Establecieron turnos para no dejarte sola nunca, yo quedé fuera porque estaba lejos y había adoptado a tu primera biznieta. Después fue llevarte a la residencia de la tercera edad, pero no te importó, ¡tú que habías querido ser siempre independiente y tener el hogar abierto para todos!. Todos los días iba alguno de nosotros a visitarte, incluso yo, que me hice traductora de tu pasado. Te vi descender a tus quince años, a los doce... los nombres que mencionabas los reconstruí para los demás, los paisajes que veías en ese país ya sólo tuyo. Pase una semana de mis vacaciones contigo, y sólo me reconociste cuando ya me iba: “Niña, no te olvides de presentarme a tu marido si te casas”.

Tuviste una embolia. Después otra. Los médicos nos llamaron. Podíamos conservarte así, vegetal, entubada, sobre tu colchón de agua tibia para que no tuvieras escaras, con las flores en la mesilla, renovadas todos los días aunque no las vieras, con uno de nosotros allí hablándote de lo que ya no entendías... Vivirías lo que tu corazón de campesina resistiese. Y resistió seis embolias en una semana, antes de que accediésemos a impedir que sufrieras más.
Ahora estas en un cuarto piso en un viejo cementerio de piedra orientado hacia el mar, rodeada de árboles y flores, y sigues viva en nuestros corazones. Por eso te escribo, ahora, para decirte que yo también tengo miedo a vivir y que aceptaría la muerte como una liberación, pero debo vivir con mi miedo para poderles decir un día a mis hijas que tengo miedo a morir.