
Foto: Unicef
Autora texto: Andrea Zurlo
Buscan una mano que no encuentran y sus dedos mudos
tantean a ciegas el camino de la vida,
huérfanos de unos brazos que acunen sus penas.
Mariposas escondidas en flores mustias que acarician sus muñecas rotas,
perdidas en lluvias que esconden soledades sin destino.
Tiemblan en el silencio desgarrado por estruendos y gritos,
sufren indefensos e ignorados:
piezas desechables del juego de los hombres,
falsos justicieros que marchan arrollando capullos cerrados
bajo sus botas de fango y destrucción.
Y perecen invocando un útero que les abrigue,
o crecen sudando sangre y nieblas,
con nubes púrpuras que pueblan perennemente sus horizontes,
por la simple desgracia de haber sido niños en la guerra.
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