
Autora texto: Pilar Moreno Wallace
Todo es ahora silencio. Sólo el reloj sigue golpeando el aire, indiferente. Ajena a mi querencia duermes, licuado en súbita sombra el caramelo dulce de tu mirada. Te siento cerca, tanto, que nada más extender la mano alcanzaría tu cuerpo silencioso en un contenido abrazo, pero el tiempo que te ha sido dado es breve y frágil y no puedo detenerlo. De golpe me ha robado los deseos, y mi memoria perfila aquellos días – cortado el cordón y abandonado el vientre grávido – en que buscabas el calor de mi colmado pecho. Esto fue el ayer, hoy apurando el hálito, entornaré la puerta para que no escape el eco de tus juegos y de tus risas, recogeré en un álbum los sueños aún no cumplidos y consolaré a tus muñecas hasta ese momento en que sus sonrisas tornen. Después me sentaré a vestirte en esa silla desnuda de color, y prenderé en tu pelo aquella cinta ancha de seda blanca, para ese viaje final que no tiene vuelta y sí un principio.
Y hasta entonces sigue durmiendo, que yo te subiré el embozo y arroparé tu cama de lirios y azucenas.
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